SIMOCA

ESCUDO

 

 

 

 

LOGO MUNICIPAL

 

HERÁLDICA

Forma: cuadrilongo con borde inferior redondeado bordura de plata timbrado.

Trae en campo único de plata disminuído de azur celeste en jefe un árbol con tronco y ramas de su color no foliado, en el corazón un sulky de gules conducido por dos personas de gules una y sable la otra y tirado por un caballo de plata y arreos de sable orientado a la siniestra del blasón, por detrás de ambos muebles el perfil multicolor de una feria. En la punta un cañaveral foliado de sinople y forro de sable.

Bordura de plata y forro de sable cargada con un lema slogan de letras capitales romanas de sable superior y ambos flancos..

Ornamentos: como timbre una luna naciente de plata (gris) con ramas del árbol del jefe. Dos ramas de ceibo foliados de sinople floridas de gules y tallos de su color rodean al blasón en corona abierta y cruzadas por lo bajo unidas con una cinta terciada en faja de azur celeste y plata en moño simple. Una divisa inferior semicircular de plata forro de sable cargada con un lema toponímico de letras capitales de sable.

SIMBOLOGÍA

En el escudo se encuentra resumida la esencia de un pueblo que mantiene en alto sus raíces ancestrales y las proyecta con personalidad firme y convincente hacia el futuro. Se pueden observar en él distintos elementos que hacen a la vida cotidiana de Simoca. Se destaca la figura del sulky , el pacará que se recorta con la luna de fondo, los ranchos de la feria y los cañaverales. El sulky es el vehículo simoqueño por excelencia. Es la identidad del  pueblo que recorre las calles diariamente, siendo ya parte del paisaje, sobreviviendo con el paso del tiempo y mezclándose con autos y colectivos. El pacará fue el árbol que desde la época de la conquista presidió las jornadas de Simoca. Vigía del pueblo por más de tres siglos fue el testigo del nacimiento de Simoca y de su progreso hasta el presente. Pero ese mismo progreso terminó por derribarlo en el año 1976. Hoy, a pocos metros de donde se erigía su imponente figura, un hijo de sus ramas ha tomado la posta de ser el guardián y compañero de la feria. La luna tiene una permanente presencia en la literatura por su claridad, su belleza y por ser la compañera de largas noches de zafra en los surcos y en las cacharpayas, donde el canto folclórico late con toda su fuerza de esta tierra.La feria encontró en el pueblo el ámbito ideal para existir y perdurar a través de los siglos. Simoca encontró en la feria una esperanza de vida, un lugar donde sus pobladores humildes tienen un espacio para comercializar sus productos. Las cañas de azúcar simbolizan la principal riqueza y fuente de trabajo de la zona de Simoca. Enmarcan el escudo dos ramas de ceibo, flor nacional argentina, enlazadas por un lazo celeste y blanco en el que se lee Tucumán-Argentina , referencia a nuestra ubicación geográfica. Además en la parte de abajo está la leyenda Municipalidad de Simoca como identificación de nuestra ciudad, y Simoca, cuna de tradición y folclore, slogan que nos distingue en todo el país.

COMENTARIO

Al ser obra de un artista plástico y no un heraldista y un dibujante que lo interprete, el blasón tiene figuras difuminadas y muchas sobrecargadas con detalles y se asemeja más a un cuadro que a un escudo heráldico. Comparar con el dibujo del logo municipal.

LOGO MUNICIPAL

Un escudo cuadrilongo borde inferior redondeado con filiera de oro que tiene en el jefe un lema toponímico SIMOCA, en el corazón una rueda de sulky de sable y en la punta un lema de calidad Tradición y Folcklore, rodeado en corona abierta por dos ramos de Ceibo y en arco inferior una divisa de oro con otro lema toponímico de calidad

MUNICIPALIDAD DE SIMOCA

HISTORIA del ESCUDO El 5 de mayo de 1997, cuando Simoca cumplió 41 años de su municipalización, el artista plástico Carlos Burieque entregó el original del Escudo Municipal de la Ciudad de Simoca, obra que le pertenece y que fue oficializada por la Municipalidad como el emblema que la representa.
Más Información http://www.civitas.gov.ar/municipios/ver.asp?MID=69&tipo=nota&id=3423
HISTORIA 

 

Los primeros pobladores de la región que hoy denominamos Simoca fueron los aborígenes conocidos como los Tonocotés. Habitaban la llanura de los ríos Dulce y Salado, entre el centro y sudeste de Tucumán y la región centro y sur de Santiago del Estero. También hubo otro grupo de la misma raza en la región del Bermejo medio, en el Chaco. Estos últimos eran llamados Mataraes, aunque estaban divididos en otras parcialidades, de las cuales se conoce a los Matará y los Guacara.
Al hablar de los aborígenes que poblaron la región del Tucumán, es común mencionar a los indios juríes. Incluso la documentación española de la época (Siglo XVI), habla de esta zona como Provincia de Tucumán, Juríes y Diaguitas. Julio César de la Vega en su obra “Consultor de Historia Argentina” – Tomo 1, sostiene que los juríes no existieron. Este nombre, afirma, surge de la deformación del quichua “xuri” (avestruz), nombre con que los acompañantes quichuas de los españoles llamaron en un primer momento a los Lules, por su magra complexión, por vestirse con plumas y recorrer la región en bandadas. Con el correr de los años y por extensión, todo lo que no fue diaguita fue llamado jurí, incluyéndose en esta denominación a los Lules y los Tonocotés. Por otro lado, en la región, las únicas lenguas registradas son la lule y la tonocoté, además de la cacana en el oeste. Este dato ya fue aportado por Manuel Lizondo Borda.
Los Tonocotés eran agricultores, sedentarios. Cultivaban principalmente maíz, zapallos y porotos. Con algarroba y maíz, preparaban una bebida alcohólica para sus celebraciones. Fabricaban urnas funerarias, decoradas con pinturas negras y rojas con fondo blanco. Si bien eran pacíficos, para defenderse usaban el arco, la flecha y la macana. A las flechas las envenenaban. Con una de ellas mataron a Diego de Rojas, quien en 1543 llegó a esta región como el primer adelantado de la conquista española.
Los Tonocotés rendían culto a una deidad llamada Cacanchic, a quien el hechicero ofrendaba mujeres vírgenes. La lengua tonocoté, al igual que los miembros de este tipo racial están totalmente extinguidos. Los aborígenes, porque se mestizaron con otros pueblos, y la lengua porque los misioneros españoles impusieron el quichua, cuyo léxico dominaban. Las únicas palabras conocidas en lengua tonocoté son “gasta”=pueblo y “gualamba”=grande. Los tonocotés se encontraban divididos en tribus o familias. En la zona que actualmente ocupa Simoca, habitaron dos grupos importantes: la tribu de los belichas, hacia el Oeste y los simogas hacia el este. Otras tribus eran los isistinés y los toquistinés, que habitaban la llanura de Santiago del Estero.En algunas regiones, los tonocotés compartían el territorio con las tribus más pacíficas de los lules. Manuel Lizondo Borda (obra: Tucumán Indígena) sostiene que los lules habrían exterminado a los tonocotés si no hubieran llegado los españoles, debido a la belicosidad de los lules frente al pacifismo de los tonocotés.

Las primeras referencias históricas de Simoca datan del año 1578, cuando se levantan en armas los belicosos indios Beliches (se estima los primeros pobladores de la zona) a quienes vino a sofocar el Tte. Gobernador Albornoz de Padilla.

Por aquella época el nombre del paraje donde se encuentra hoy nuestra ciudad, habría sido según algunos autores: SHIMUCA o SHIMOUKAY, que en lengua quichua significaría: Lugar de paz y el silencio. Pueblo de gentes tranquilas y silenciosas. Papa o tubérculo y quizás identificaría a un legendario cacique.

La mención más exacta sobre el lugar donde hoy se asienta SIMOCA, la encontramos en el Documento de Venta que en el año 1.610 otorga la primera Merced al capitán Nuño Rodríguez Beltrán, quien estableció la Estancia El Humbo o que por deformación idiomática en realidad se llamo el Ombú.

En el año 1684 se establecieron en la zona los frailes franciscanos, con el propósito de evangelizar a los naturales del lugar, la misión religiosa tomo a su cargo la administración y la justicia del Pueblo, imponiéndole el nombre de Villa de Mercedes en honor a la Virgen de ese nombre.

Los franciscanos introducen diversos cultivos desconocidos en la zona, la Merced otorgada a dichos religiosos abarcó unas doce leguas, entre los ríos Balderrama, Grande, al norte y este y las Estancias de San Pedro Mártir y Yonopongo al sur y oeste doce leguas, entre los ríos Balderrama, Grande, al norte y este y las Estancias de San Pedro Mártir y Yonopongo al sur y oeste respectivamente.

En 1688 éstas tierras fueron solicitadas en Merced, por el Capitán Juan de Almonacid y su concesión trajo al mismo diversos problemas con los franciscanos, también por ese año se realizó El Padrón de los Indios que dio un total de 39 varones con familias, mas 6 viudas y huérfanos.

La mayor actividad del pueblo se centraba especialmente alrededor del templo fundado por los franciscanos, quienes incrementaron las producciones y el intercambio en la zona, debido a pleitos de posesión seguidos por los religiosos y Juan Almonacid la actividad entró en una etapa de declinación.

En 1728 la Merced es otorgada al Capitán Diego de Molina, quien levanta la primera plaza, ubicada frente al Convento franciscano el que se encontraba donde hoy se levanta la Iglesia de la Ciudad , el ultimo encomendero que poseyó las tierras de la antigua estancia fue el hijo del Capitán Diego de Molina quién las heredó en 1779.

En 1836 los franciscanos abandonan éste lugar por haber concluido el término del usufructo de sus tierras, provocando su partida una etapa de desorientación en la vida económica de la región.

Si bien los antecedentes de Simoca datan del Siglo XVII y para el año 1800 Simoca ya figura con el nombre de “Villa de Simoca”, la fundación oficial del pueblo se realizó el 24 de Septiembre de 1859.
Por iniciativa del Presbítero Silvestre Reyna, quien trabajó para la construcción del templo, se le impuso el nombre de “Pueblo de Mercedes” en honor a la Virgen Patrona del lugar. Con el paso de los años y la llegada del ferrocarril, que instaló en el pueblo el “apeadero Simoca” (mas tarde “Estación Simoca”) el nombre indio resurgió con toda su fuerza desplazando al de Pueblo de Mercedes en forma definitiva.
Comuna Rural de Simoca.
El nombre "Simoca" se oficializó el 10 de Diciembre de 1907, cuando se creó la Comuna Rural de Simoca. Esta Comuna se mantuvo hasta el año 1956. El 5 de Mayo de ese año, Simoca fue elevada al rango de Municipalidad, como segundo distrito del Departamento Monteros. El primer Intendente Municipal fue MANUEL CARDENAS.

El Departamento Simoca
El 24 de Agosto de 1976, entró en vigencia la Ley 4.518, por la cual se crean en la provincia de Tucumán 16 departamentos, en reemplazo de los 11 que había hasta ese momento, cada uno de ellos con una ciudad cabecera. Entre los nuevos departamentos creados está el de Simoca, con la Ciudad de Simoca como cabecera. Hasta ese momento la ciudad había dependido del municipio de Monteros.

Más Información

http://www.simocaonline.com.ar/index.php?option. . .1&Itemid=2

Página web

http://www.simocaonline.com.ar/

EL SULKY 

Vehículo Tradicional de SIMOCA

El sulky es un vehículo ampliamente difundido en la zona. Es fabricado en esta ciudad y se utiliza en múltiples tareas, tanto para transporte de personas como de carga.  Su capacidad de carga precisamente es de 150 kilos aproximadamente. Combina  una construcción robusta de maderas duras como el lapacho, cebil y kina con detalles en maderas blandas como cedro, pino y otras. El carro propiamente dicho posee de adelante hacia atrás los siguientes elementos: el cabezal, los estribos con sus dos pisadoras y el pescante delantero, la caja del asiento y el respaldo trasero con su correspondiente cajoncito oculto abajo. Las partes laterales son aletas y detrás del respaldo se encuentra el pescante trasero apoyado sobre elásticos, en donde aparece el eje central que termina en ambas ruedas. De gran agilidad, las ruedas pueden ser de madera o metálicas: las primeras son rayos insertos en un cubo de madera donde va montado un buje central, rodeados por un círculo terminal también de madera, el cual exteriormente lleva un aro de hierro. En las segundas, los rayos son soldados con exacta precisión y el eje es una caja de fundición con rulemanes, siendo el exterior de goma. Su terminación refleja como característica la pintura en colores vivos y adornos con fileteados.
Al animal se lo viste de arneses desde la cabeza hasta el anca. El freno con cabezal, anteojeras con algunas campanillas, un pechero con el jeguillo y dos argollas por donde pasan las riendas y desde allí arrancan las dos suelas o tiros que sostienen al vehículo. En la parte media van las silletas con dos cargadores, dos pasarriendas y las varas. En el abdomen el barriguero y en la parte superior el baticola. Completan las tiras separándolo del animal. El balancín separa el animal del sulky, que va prendido con grampas del cabezal.


Actualmente existen tres familias de artesanos que construyen en forma netamente artesanal este tradicional y muy simoqueño vehículo. Si bien su origen es anglosajón, se cree que alrededor del año 1900 comenzó a surgir en Simoca y ser usado como medio de transporte, lo que puede ser apreciado aún hoy. Originariamente era un carruaje muy liviano con un solo asiento, tirado por un caballo, y se lo usaba en las granjas coloniales de Australia y África. También se lo conocía con el nombre de calesín y a veces era tirado por un avestruz, usándoselo para carreras, transporte o paseo.


Una de las recomendaciones de nuestras promotoras al guiar a los turistas en esta ciudad es no marcharse sin antes transitar nuestras calles en un sulky, lo cual les obsequiará una visión pintoresca y diferente del lugar. Actualmente Simoca cuenta con cientos de sulkys que recorren sus calles todos los días, pero se despliegan todos juntos en una panorámica imagen de colores los sábados en ocasión de la feria.A través de su tradicional feria de los sabados, en Simoca, convergen, año a año, visitantes de todo el país y del mundo en busca del misterio que encierra esa tierra que se convierte en una terapia para el alma.

Más Información

http://www.tucumanturismo.gov.ar/index.asp?centro=localidad&id

LA LUNA DE SIMOCA

Fondo Musical

DE SIMOCA 
Zamba

Carretas cañeras cruzan la laguna;
el grillo a la luna le da su cantar
y en los valles retumba mi caja;  
canta con la zafra todo Tucumán. 
 
La noche en sus ojos, la miel en su boca:
te traigo una copla del cañaveral:
de la luna que alumbra en Simoca,
cuando se le antoja de noche alumbrar.
 
        Yo le hablo a mi rancho, a los cañaverales.
        ¡Ojalita que ella pudiera escuchar!
        Cuando salga la luna en Simoca,
        con poquita cosa se ha de conformar.
 
Se van las carretas, subiendo el camino,
pensando en el ruido de su traquetear.
Como el grillo alunao en Simoca,
yo canto mi copla del cañaveral.
 
Amores de zamba cosecha la zafra;
la niña se alhaja para enamorar.
Que tan sólo un decir se me antoja. 
Después, de su boca, nadita querrá.
Letra y música: Chango Rodríguez

Más Información

http://www.feriademataderos.com.ar/fogon/cancionero/desimoca.htm
Video http://youtu.be/oDzih5w04ao

La Feria de Simoca en Tucumán se celebra cada año durante rodos los sábados de julio, a lo largo de 400 metros en los que funcionan 70 ranchos de comidas regionales, puestos de artesanos y muchos atractivos.

 

 

La Fiesta Nacional de la Feria de Simoca en Tucumán es un verdadero homenaje a la vida tradicional de Simoca. Se trata de una fiesta tradicional folklórica, que se realiza en el predio ferial del pueblo, con entrada libre y gratuita. En esta fiesta, al colorido tradicional de la feria se le suma el canto folklórico. La fiesta se inicia en horas de la mañana y finaliza cuando llega la noche La Fiesta Nacional de la Feria de Simoca en Tucumán es un evento nacional que los amantes de las costumbres y la tradición, así como del folcklore, no deben dejar de disfrutar en el interior de Tucumán.

 

Para encontrar su alojamiento ideal para disfrutar en julio en Tucumán, la mejor alternativa son los alojamientos temporarios 

Más Información

http://www.visitingargentina.com/. . .feria-de-simoca-en-tucuman.htm
El Clima  
   

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